Sammy Sosa se presentó en la alfombra verde de los Grammy Latinos como si de Michael Jackson se tratase. El dominicano, de piel negra, se había empalidecido como la desaparecida estrella del pop. Uno de los mejores jugadores del béisbol volvía a estar en el ojo del huracán, y como ya viene siendo habitual, no por su labor en los terrenos de juego.
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